sábado, 31 de diciembre de 2011

Redes Sociales y el 2011 ... ¿O al revés?



Como hice durante todo el año, este último sábado de diciembre no fue la excepción: Me levanté directo a la cafetera. Esta cafetera antigua, de las de antes, de las de filtro de tela (mis abuelas le decían talega… y yo respetuosa de esa jerga, no hago más que acatar) que dan un sabor distinto al café y que aromatizan los sentidos. La modesta cafetera que adorna mi cocina y que Eli –mi hija- miró con aire de escepticismo cuando finalmente la adquirí. Estoy segura que creyó que era otra de mis excentricidades y que pronto la cambiaría por algún moderno y elegante artefacto. Pero no. La cafetera ahí sigue y cada vez se adueña más de su espacio. Ya no sé que disfruto más: si preparar el café o el ritual de hacerlo.



Como cada vez, sirvo café y me instalo cómodamente con mi laptop a leer prensa. Por alguna razón hoy no leo en la forma que lo hago normalmente. Hoy mi mente divaga como queriendo atrapar la cantidad de sucesos que acompañaron mi vida este año. Es natural y predecible -casi- el que la mayor cantidad de personas entremos en algo así como lo que denomino el síndrome de fin de año.



Reflexionar y tomar café son dos actos en uno solo. Los cafeceros lo sabemos. Regreso y sirvo más. Con ironía pienso que debí haber hecho la cafetera completa. Como quiera –me dije- doce meses no se pueden resumir en dos tazas. Pero dos tazas bien servidas hacen la diferencia.


Estando como estoy en este momento pegada a mi computadora, no puedo dejar de pensar en el enorme impacto que las redes sociales han provocado en todos los sectores. Por ejemplo, Facebook se ha convertido en un espacio donde se tiene la oportunidad de interactuar como tal vez no pueda suceder en la vida real. Cada día se convirtió en toda una experiencia: nuevas amistades, amigos que postean algún mensaje según su situación emocional, familia que estrecha sus contactos. Aprender a conocer y comprender a los que ya se tienen o de plano dar de baja a alguno. Es la libertad de ser y de escoger.



Habrá a quienes parecerá superfluo lo anterior pero no es así.



Espacios se llenan con comentarios de apoyo para quienes pasan algún momento difícil. Aplausos y congratulaciones para los que viven nuevas experiencias o que nos comparten sus triunfos. Fotografías que nunca faltan como muestra de lo bien que estuvo la fiesta, el reencuentro, el evento familiar o lo que sea. Música con dedicatoria o simplemente para hacer saber al mundo el estado de ánimo. Frases dirigidas como dardos mortales a algún anónimo destinatario. Palabras nacidas para pedir perdón o para decir nunca vuelvas. Estados que cambian de fulano de tal tiene una relación con zutana de tal, a otros que simplemente dice soltero. O lo contrario. Eventos que a diario suceden en la vida cotidiana. Como si fuera la pizarra de la vida personal y colectiva.



Arranques de locura manifestados en una frase que luego borramos. Locuras que se desbordan en canciones o en palabras o en silencios.



Pero no todo es auténtico: Candidatos y pre candidatos a cargos de elección popular han estado utilizando las redes sociales para según ellos, penetrar en un potencial y apetitoso mercado. Y no andan errados: Una gran parte del éxito de Barack Obama durante su campaña por la Presidencia fue precisamente su incursión en las redes sociales. La pequeña gran diferencia es que eran los cibernautas quienes deseaban hacer contacto debido a que antes Obama había expuesto de diversas maneras su plan de trabajo, su visión de país anhelado. Es decir, trabajó al lado de cientos de personas que voluntariamente generaban ideas construyendo y siendo parte de un proyecto del cual estaban convencidos. Gente que creyó primero en un proyecto y después se sumó a él. En comunidades como la nuestra y en México en general, los políticos primero quieren adherentes y después, si acaso lo recuerdan, el plan que nunca sabemos cuál es pero que así le llaman.



Que más hacen nuestros políticos en las redes sociales? Postear frases que ni siquiera son de su autoría (lo que nos daría oportunidad de conocer su pensamiento) y etiquetan hasta el infinito fotografías donde demuestran su gran calidad humana de temporal por cierto (electoral). No caigamos en la trampa del pensamiento fácil y ligero. La sociedad requiere verdaderos proyectos de trabajo nacidos en el consenso de las mayorías, de las cuales, las más necesitadas no tienen acceso a internet.



Total que a los pre y candidatos (as) mexicanos actuales, con alguna que otra excepción, pareciera que las redes sociales les representa una gran manta o espectacular alusivo a su imagen. Un no me gusta es borrado de inmediato y un comentario positivo deriva en una larga respuesta cansina del aludido.


Ojalá que revolucionen sus mentes. Que se atrevan a dar el gran paso. Los cibernautas estamos esperando conocer e interactuar –verdaderamente interactuar- con quienes pretenden dirigirnos. Ojalá que se atrevan a ir mas allá de las frasecitas sentimentaloides o las que pretenden hacer ver a una persona light, buena onda y popular. O la que muestra una crítica mordaz sin proponer nada. Ya lo hicieron en 2011 y los aguantamos. Que superen la etapa y que el próximo año sea entonces el de demostrar el contenido de lo que traen, el verdadero sentido de lo que es ser político y no politiquero.

P.D. Con el corazón: ¡Gracias Facebook!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ser o no ser la Señora de la Casa


Quise iniciar esta columna con la frase: “Corren tiempos difíciles para los pre candidatos...” al instante me detuve. Viéndola bien no es así, es al contrario: Corren tiempos difíciles para el electorado, para las y los mexicanos. En efecto. Los pre candidatos son un puñado de personas que aspiran a gobernar y desde ahí –sea presidencia de la república, gobernadores, diputaciones, senadurías, presidencias municipales y regidurías- dictar las políticas que a su parecer son las idóneas para el bienestar común, término manoseado hasta el infinito pero de alcances reales muy limitados.



Si bien representan –se supone- las mejores cartas de cada partido político, lo cierto es que al final del día quien ostenta el poder es una persona y como tal actuará en el desempeño de sus funciones. Se entiende que cuentan con un bagaje de conocimientos, valores, competencia y capacidad puestos al servicio de las comunidades y la nación misma. Y eso es lo que preocupa.



Veamos. Se ha hecho un escándalo nacional con la frase mal dicha de Peña Nieto: No soy la señora de la casa. A partir de ahí se viene una andanada de críticas y/o justificaciones en torno a lo que dijo o quiso decir el señor. Josefina Vázquez Mota, en su cortedad política, pretendió hacer de esa dichosa frase un rebozo a la medida para proclamar que ella sí era la señora de la casa. Craso error: Por una parte cayó en su propia trampa al no atinar –tampoco- a responder preguntas similares a las que se hicieron a Peña Nieto y por la otra, resultó ser ofensiva para quienes sí lo son. Es por demás evidente que esta persona hace años luz que no se ocupa de cuestiones domésticas, lo cual, dicho sea de paso es una de las tareas más nobles que la mujer pueda desempeñar. Lo siento por mis amigas feministas. Acotando: es uno de los roles que nos dan identidad en cuanto a integración familiar. ¿Cómo entonces desdeñar tan importante cargo? Imposible, tanto como aberrante es el pretender arroparse con sacos malformados.



Pero entonces nos envuelven con cortinas de humo como la que arriba se menciona. Y nos bombardearán con cuarenta y tres millones de spots en los próximos meses. Es patético observar como los destrozos políticos -o que pretenden serlo- están a la orden del día. Una palabra mal dicha, una pose mal actuada, una mirada errada, se tornan elementos suficientes para denostar al enemigo. Sea o no sea de casa, del mismo partido político. No hay cuartel.



De repente todos, sin excepción todos los precandidatos son altruistas, de corazones bondadosos, con proyectos comunitarios de última generación. Nos invaden a través de las redes sociales con evidencias fotográficas sensibles: con los más humildes, con los más necesitados, con niños hambrientos y greñuditos, mostrando una lacerante pobreza como gritando esto es lo que voy resolver, aquí es donde estaré. Si hiciéramos un seguimiento fotográfico a diez o quince años, a cómo vamos, seguramente esos infantes serán los adultos a quienes los mismos candidatos pero con otras caras, irán a entregarle cobijas para el crudo invierno y despensas para que sobrevivan. Es el precio de la foto y lo saben. Es la historia que se repite cada tres o seis años.

Faltan proyectos y sobran buenas voluntades. Falta una verdadera sensibilidad social y abundan frases ridículas pronunciadas con voces entrecortadas para llegar al corazón del electorado. Todo obedece a un plan mañosamente estructurado. Porque para eso sí son listos. Si no naturalitos, se contratan agencias, ¡faltaba más!



El problema es que todos los (pre) candidatos afirman y están convencidos que ellos portan los mejores propósitos y pulidas soluciones ¿Pero cuáles? Afirmar cien o mil veces que se cuentan con los cerebros más expertos o los más capacitados, no es demostrar que se sabe la forma y el cómo. Ni siquiera alcanzan a atisbar la relevancia. Están absortos en ganar la carrera por la candidatura, en ser el señalado. Ahí después verán cómo hacerle. El problema es que ese después nunca llega. Se embelesan con los triunfos electorales como si éste fuera un reconocimiento a su alta calidad humana y diploma con rúbrica social donde se les asume como el líder. Se inyectan elevadas dosis de ego. Es una adicción: Por eso andan luego saltando de un puesto público/electoral a otro y a otro. La droga se llama ejercicio del poder y del presupuesto.



Así que parodeando a Hamlet, eso de ser o no ser la señora de la casa no es precisamente lo relevante. No en este plano político donde se debe construir más que destruir. Donde los ciudadanos estamos carentes de líderes auténticos que vayan más allá de insulsas frases que ni juntas ni separadas forman proyectos. Tampoco es hacer una lista de problemas sociales para al final llamarle a eso plan de trabajo. No.



La simulación campea y si la ceguera política ha alcanzado a los (pre) candidatos, seamos nosotros, el electorado, quienes asumamos una conducta crítica positiva y propositiva para al final -que en realidad es el principio- al marcar la boleta electoral, estemos brindado nuestro apoyo a los mejores previo análisis que hagamos de cada cual considerando su plan de trabajo sustentado en realidades, en hechos y en problemática a atender. Votar por quien trace rumbos en forma conjunta con la comunidad, por quien se comprometa a evaluar periódicamente su plan de trabajo con base a resultados tangibles. Y por quien asuma que ser líder no es una etiqueta de lujo, sino que se gana y se mantiene con trabajo y responsabilidad.



Por eso insisto en que veamos más allá de la foto y de los rostros de políticos maquillados a modo. Burdos y rancios afeites de políticos hechos al vapor o por calenturas de paso. Ya basta.







jueves, 3 de noviembre de 2011

Municipios de éxito


En relación a la columna anterior, donde formulé algunas consideraciones en torno al desarrollo municipal, se hizo el compromiso de presentar algunas propuestas. Debo indicar que el tema da para mucha tinta.

Queda claro que la crítica –de cualquier índole, siempre que sea respetuosa- debe ir aparejada por propuestas firmes, viables, pero sobre todo reales. De nada sirve hablar y tirar manotazos al aire. Es esta una vana empresa digna de oprobio y rechazo.

El asunto es que me di a la tarea de buscar en la red planes y programas de municipios exitosos. De hecho leí bastante. Nacional e internacionalmente. De alguna manera supuse que buscar nuevas lecturas sobre desarrollo municipal habría de ser suficiente para encontrar o descubrir las razones y causas por las cuales habían alcanzado en otros lugares, el éxito comunitario, el municipal o delegacional como también es conocido en otros países.

Localicé municipios ciertamente exitosos y no lo fue gracias a que se atuvieron plenamente a los recursos federales y estatales. Encontré municipios que decidieron ser exitosos gracias a ellos mismos y no a la dependencia subordinada política y económica.


Así que haciendo honor a mi género, los porqués me agobiaron y actuaron como acicate para encontrar respuestas. Quien esto escribe sufre y padece a su propia persona. Dicho en forma coloquial, me padezco a mí misma, lo cual no es tarea fácil. Las mujeres me entenderán.


El tema venía a mi mente una y otra vez, sin darme cuenta que tenía la respuesta frente a mis ojos y de cara a la realidad.


No localicé ninguna administración de municipio, comarca o delegación exitosa en sus quehaceres públicos que no hubiera actuado conforme a un verdadero compromiso social, con actitud proactiva en los quehaceres públicos. Con enfoque y con visión.


Me encontré con que los grupos o partidos políticos asentados en aquellos lugares limitan su actuación electoral al proceso mismo y que pasados éstos, se unen como comunidad para tomar o retomar actividades que incidan directa o indirectamente en los habitantes y vecinos de las localidades.


No hablo de municipios fuera de este mundo. No son ajenos a problemas y carencias. Hablo de lugares donde sus pobladores no ven como botín político y económico las arcas públicas. Constituyen sí, espacios donde el reto se traduce en alcanzar espacios de mejor y mayor beneficio para todos. Porque tienen claro el interés común y la trascendencia histórica donde son actores.


Pero también vi otra realidad: La de municipios cuyas administraciones han fracasado como tales. Donde el liderazgo no se asume y donde la palabra desarrollo solo la encuentran en el papel y el discurso.

Estos municipios fracasados tienen algunas características que conviene resaltar:


1. Cuentan con Autoridades locales que son en los hechos, presidentes de su propio partido.
2. Presencia de servidores con amplio desconocimiento de la función pública.
3. No se respeta el servicio civil de carrera. Es decir, que los más preparados continúen en cargos donde apliquen sus habilidades.
4. Se contrata personal que resulta ser familiar, amigos, compadres, hijos, del Presidente, del Síndico, de los Regidores, etcétera. Los perfiles profesionales no cuentan. Se duplican o triplican funciones –y por ende sueldos-.
5. De ahí que se presenta un crecimiento desmedido del aparato administrativo: más personal, más oficinas, más gasto, etcétera. A muchos de ellos los dejan como herencia para la siguiente administración.
6. Un Cabildo que no opina, ni sugiere, ni se compromete con las causas sociales o de plano, que ni siquiera se opone cuando así debe hacerlo.
7. Poseen una comunicación social altamente unilateral. Solo la autoridad “comunica” pero no escucha.
8. Carencia o nula evaluación de los programas, obras, actividades de las distintas instancias que conforman el aparato gubernamental. La fórmula costo-beneficio sigue estando ausente.
9. Funcionarios que buscan desde ya (o sea, desde el primer momento en que asumen sus empleos), cual puesto siguiente pretenderán. El 100% de desempeño nunca se logra porque tienen sus ojos en lo siguiente para ellos mismos.
10. Gravitan los asesores de todo y hacedores de nada.
11. Distanciamiento respecto a los sectores que sostienen la economía del municipio, sea en materia de agricultura, ganadería, turismo, servicios.
12. Una gestión pública mediocre o de escasos resultados del Alcalde. Viajes, reuniones de trabajo, comisiones y cualquier otra variante que solo implica pérdida de tiempo sin derivaciones tangibles.
13. Carencia de políticas públicas municipales en rubros como seguridad pública, educación, agua potable, etcétera.
14. Una sociedad civil que poco o nada participa. Dejar hacer, dejar pasar.
15. Sin que se agote en este punto la lista de los porqués fracasan las administraciones municipales, como se aseveró en la columna anterior, los planes estratégicos de desarrollo no existen y si están, no se encuentran orientados hacia una mística de servicio.


¿Qué hace entonces a un municipio y su administración local exitoso? La respuesta es por demás clara. Cada parte, sociedad y gobierno tendríamos que replantearnos nuestro rol y compromiso. El punto es dar el primer paso.

p.d. El orden de los puntos anteriores no altera el resultado.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Y Caborca se cubrió de gloria... ¿Hasta cuándo?


Se imagina Usted Caborca a la vuelta de –digamos-, quince años?



Echemos a volar un poco la imaginación: Los niños de ahora serán los adolescentes de aquel momento y los de hoy serán ciudadanos incorporados –tal vez- al mercado laboral. De seguro habrá más población adulta y de la tercera edad. Tendremos las mismas calles pavimentadas, recarpeteadas una y otra vez con materiales baratos. Eventos del 6 de abril con luces y parafernalia. Desfiles cívicos donde se eche la casa por la ventana para quedar cíclicamente condicionados a lo mismo. Plazas y parques subutilizados porque no contamos con proyectos culturales de fondo que permitan a la población cultivarse más allá de lo que se ha hecho hasta ahora en forma aislada, con mucho esfuerzo pero con poca planeación sostenida.



Cinco trienios y dos sexenios y cachito. ¿Resistiremos cinco campañas políticas locales más donde los ataques entre unos y otros sean los mismos y donde solo cambien los nombres de los actores? ¿Hasta qué punto seremos pasivos y contemplativos del hacer y quehacer municipal? Cada vez escuchando las mismas promesas y demandando lo mismo. Pensando en el eterno “ahora sí”.


Caborca tiene el compromiso histórico de trascender y la obligación de hacerlo de la mejor manera posible. Pero eso no sucederá en tanto continuemos en este cansino andar donde la tónica es descalificar al que hace y, los que no hacen, simular que sí. Quince o treinta años seguirán siendo uno solo repetido quince o treinta veces en tanto no tengamos un proyecto de vida municipal y me atrevo a asegurar, regional.


¿Dónde quedó la otrora orgullosa Perla del Desierto? En buenas intenciones, malas, peores y mediocres decisiones. Asfixiada por los intereses individuales y de grupo pero nunca por los de la Comunidad misma. Interpretando los conceptos de cambio y desarrollo según quien ostente el poder… cada tres años. O sea que aunque fueran bien aplicados, poco nos duraría el gusto y los resultados, ralos.


El asunto es que nos hemos convertido –como en la mayoría de las poblaciones de México- en rehenes de partidos políticos que han perdido o carecen de la capacidad de ser gobierno. Lo peor es que existen localidades que subyugan a sus captores (síndrome de Estocolmo) y, neciamente o por comodidad, ni siquiera se alcanza a percibir el grave riesgo que esto representa: Sociedades cada vez más atrasadas y vulnerables en todos los aspectos.


¿Qué hacer ante tan terrible panorama?


¿Qué le parece a Usted que tuviéramos como municipio , un plan de desarrollo a –digamos- quince años? ¿Qué tal sería que todos, indistintamente de partidos políticos pudiéramos contribuir a elaborar este documento donde se planteara el desarrollo en cada uno de los rubros que nos atañen como comunidad: seguridad púbica, educación, industria, desarrollo sustentable, comercio, turismo, etcétera, con evaluaciones periódicas? ¿Que tal si todos tuvieramos la posibilidad de constatar y no solamente ser informados de los supuestos avances?


¿Qué le parecería que todos los sectores a nivel municipal (social, productivo, de servicios, industrial, agrícola, comercial, ganadero, educativo, etc.) nombraran representantes de entre sus integrantes –los hay brillantes y no necesariamente a partir de un grado académico- para que bajo el manto del interés púbico y el rescate necesarísimo del presente se formulara un plan, verdadero plan de desarrollo con visión de futuro?


¿Porqué no aprovechar el potencial, experiencia y capacidad con que cuentan para que coadyuven en un plan de esta naturaleza?


Algunos opinarán que sí se genera esa participación. Pero no me refiero a la participación burocrática de cada tres años.. Demostrado está que los ciudadanos y habitantes en general desconocemos el plan estratégico muncipal y de desarrollo en sus ejes temáticos fundamentales y sus variantes. Por una parte porque no se nos consideró –real y objetivamente- en su elaboración y por la otra porque escasísimamente se difunden los planes de desarrollo locales. Es más, ni siquiera quienes tienen la tarea de gobernar cuentan con indicadores –bien construidos- que demuestren el grado de avance.


El primer paso será actuar con madurez y responsabilidad ciudadana. No a través de partidos políticos, no mediante candidaturas de cualquier índole. Desprendidos genuinamente de ese interés político que en su lado más obscuro tanto daño nos ha ocasionado como comunidad.
O nos unimos como sociedad para lograr objetivos claros y firmes que nos permitan saber donde estamos y hacia donde vamos, o seguimos siendo rehenes de pseudo ideologías que cada trienio aparecen como ventas de banqueta.


La próxima semana le presentaré, si me permite, algunas ideas en torno al presente tema.

miércoles, 20 de julio de 2011

Quehacer universitario


Jamás acepté que la práctica educativa debería limitarse solo a la lectura de la palabra y del texto. Mas bien debería incluir la lectura del contexo, la lectua del mundo. Pablo Freire. Educador y Teórico Brasileño.


¿Hasta qué punto las universidades deben contribuir al cambio social? ¿Hasta qué grado debe tener y sostener su compromiso público? ¿Es la Universidad un espacio real de transformación y de creación de conciencias individuales y colectivas cuyos egresados a la postre se insertarán en un tejido social que si bien es cierto ha tenido significativos avances, también presenta fibras muy lastimadas y por ende sensibles?


La naturaleza y fin de las universidades es ser un espacio dedicado a la enseñanza superior, centro de cultura donde convergen todas las tendencias de pensamiento, ideologías y de partidos políticos. Es el lugar para la formación de una masa crítica de personas cualificadas y con conocimiento. Es el espacio donde día a día se forman cientos y miles de estudiantes que el día de mañana estarán ocupando cargos públicos. Ahí donde se gestan las políticas públicas y de gobierno.



Así que, sí, las Universidades no pueden permanecer al margen de la Sociedad como élite privilegiada, ausente/carente de sensibilidad hacia su comunidad. Tampoco debe ser una universidad cerrada u otra demagoga. Al contrario, debe ser una entidad que genere compromisos reales y efectivos. El asunto es mantener un dialogo eficaz y productivo con el entorno cualquiera que este sea. Es el reto a asumir, pues no se pueden realizar acciones al margen de otros actores sociales como es el propio gobierno, iniciativa privada, organizaciones civiles, etcétera. Esto va más allá del servicio social y las prácticas profesionales de los estudiantes, que bien es sabido constituyen un puente de interacción que mucho facilita la inserción de los próximos profesionistas al mercado laboral.



Las universidades están obligadas a mucho más. A sostener un liderazgo académico que permita aportar ideas, opiniones, participación de sus integrantes en proyectos y programas donde se aplique ese potencial intelectual que se manifiesta en las aulas. Hoy más que nunca se requiere que las universidades asuman un papel protagónico en la vida pública. Protagonismo responsable, decidido al hacer y al quehacer social, sin perder el carácter de academia. Cada uno desde el rol que tiene: alumno, maestro, investigador, directivo. Es pues, un proyecto conjunto que se integra con las capacidades de cada cual.



Actuar a medias o con escaso compromiso termina siendo vana empresa.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Se siente perdido y desesperado políticamente?

A propósito de las declaraciones del Dirigente del PAN en Sonora


Desde muy pequeña me interesó la política. Como muchos a quienes nos apasiona este rubro, mis pininos fueron en oratoria y concursos estudiantiles locales, regionales y estatales. Era mi línea de desarrollo, apoyada siempre por mis maestros, quienes veían en mí a una persona bastante inquieta. Ahora pienso que a lo mejor buscaban que me distrajera en algo para así dejar de sembrar ideas en mis compañeros.


En ese camino fue como topé primero con el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) para escándalo de mi familia. ¡Como que Reyna es de izquierda!, ¡Como que la están entrenando para hablar en público! ¡No, imposible!! Tuve que hacer acopio de mi paciencia –que era poca- y de mi tolerancia –que era menos- y escuchar cansadas letanías sobre lo nefasto del comunismo, donde los medios de producción deben ser propiedad social y no privilegio de unos cuantos. Nada de eso –me decían- son utopías para los flojos, haraganes. Asesinaban mis ideas comunistas con frases contundentes como: ¡Que se pongan a trabajar, haber si así quieren compartir lo de ellos!!


Yo juraba no tener la culpa. En casa de mi Nini – en Cananea- topé con literatura de Karl Marx, Lenin, Mao, y otros, los cuales leía a escondidas. Abundaban libros, revistas, periódicos y folletos que algún tío materno estudiaba con particular ahínco. Así que, de entrada, ni me echen culpa de nada, -decía en mi muy discutible defensa. Me daba flojera tener que discutir sobre algo que estaba decidida a hacer.


Tan efímero como fue ese partido político lo fue mi participación en él. El asunto remató en un jalón definitivo y contundente de mi madre que me obligó a regresar a Caborca y alejarme así de mi Cananea querido y aquella incipiente actividad. O sea, fui perseguida política materna. Ni dudarlo.


Al poquísimo tiempo de llegar a Caborca incursioné en el Partido Revolucionario Institucional, a través del Movimiento Juvenil Revolucionario y de ahí en más, sigo y seguiré siendo priista.


Con mis altas y mis bajas, como cualquier ser humano, con mis defectos y con mis virtudes, con los errores y los aciertos que en mi haber tenga. Sin pretender nada más que el participar con mi grano de arena en lo que así sea posible y desde mi trinchera. Sin ansias pasadas ni presentes de cargo de elección popular. Así que esta columna no tiene mayor interés que el plasmar aquí y ahora que el ser priista, panista, perredista o lo que sea, no impide que cada cual realicemos la labor que nos toca de la mejor manera posible. Con convencimiento y convicción. Que la rendición de cuentas hable por cada cual y de cada quien.


No es la denostación ni la descalificación de las personas ni el trabajo que hayan hecho administraciones anteriores como se pueden fincar gobiernos exitosos o campañas políticas que garanticen posiciones públicas al corto plazo.


No me parece justo ni correcto que se tilde a los priistas como personas que se sienten impotentes, desesperadas y perdidas ante el gobierno estatal y municipal. Es más, me parece irresponsable y poco pensada esa temeraria afirmación.


En principio porque generaliza. Ya es tiempo que ante ese tipo de declaraciones, se den nombres y apellidos. Ya basta de escudarse en el plural para evadir el compromiso singular.


No es pues, el que un partido político sea mejor o peor que otro. Experiencia es la pincelada que cambia el cristal con que se mira y se materializa el ejercicio de la actividad pública. Autoridad y poder no son conceptos sencillos ni domésticos.


¿Impotencia ante qué? La única que se puede sentir es la de ver pasar el tiempo y que la autoridad no actúe en pro de una sociedad demandante de empleo, salud y educación. Ávida de seguridad pública y de tranquilidad. Ansiosos de justicia en incontables casos.


Sí, nos sentimos desesperados por ver que el salario no alcanza y que la atención médica sigue siendo deficiente y altamente burocratizada. Desesperados también por tener que pagar enormes tarifas de energía eléctrica, aumentos constantes a la gasolina o por carecer muchos de lo más elemental para subsistir. La pobreza extrema es una realidad lacerante. Y, ante la falta de rumbo, sentirnos perdidos es un sentimiento natural.


El servicio público va más allá de la pertenencia a un partido u otro. Es cuestión de actitud, de responsabilidad y sobre todo de experiencia en el hacer y quehacer público.

Aplaudo los aciertos de gobiernos panistas pero también critico las muy graves acciones en perjuicio de la comunidad, o la permisión de actividades de sus funcionarios públicos en cuestiones partidistas durante horas de oficina, o el irregular proceder de ellos escudándose en el cargo. La función pública es eso: pública. Y esté quien esté en el poder/gobierno estará sujeto al escrutinio social. Del partido que sea.


Priistas connotados han dejado una huella indeleble en sus comunidades como la nuestra . Y no dudo que habrá otros de diversos partidos políticos que también. De estos últimos, tengo la fortuna de conocer algunos con verdadera vocación de servicio que a la hora de trabajar son verdaderos servidores públicos, conocedores de la responsabilidad que implica el ejercicio de su función.


El Dirigente del PAN en el Estado flaco favor le hizo al Gobernador con las lamentables declaraciones que formuló en días pasados en contra de Los Priistas. Y ni que decir respecto a sus compañeros de partido. Se le olvidó que eso de priistas no son dos o tres personas sino miles que verdaderamente trabajamos con vocación de servicio esté quien esté en el poder. No es eso lo que nos guía ni es eso lo que marca nuestro deber ciudadano.


Y sí, estamos comprometidos hasta la médula en el trabajo que realizamos, donde por cierto, no importa la preferencia partidista sino los resultados que podamos alcanzar.


Que se entienda de una vez: Los partidos políticos no deben derivar en bandos ni pandillas provocadoras de pleitos. Son y deben ser espacios de reflexión, análisis y debate de ideas que permitan integrar proyectos sociales de corto, mediano y largo alcance que les permitan a la postre ofertar a los votantes sus mejores opciones tanto en proyectos como personas para ocupar cargos públicos.


Provocar al pleito, afirmando que no debe haberlo, es verdaderamente inadmisible y reprobable.

martes, 5 de julio de 2011

Tubutama


Hace unos cuantos días fui invitada a asistir a Tubutama, a reunión del Congreso Local donde habría de someterse a votación la Ley de Seguridad Pública para el Estado de Sonora.


Diputados fueron llegando. Corbata y saco negro la mayoría. Con aquel abrasante calor. Ni mal bajaron de los muy custodiados vehículos cuando ya posaban para las fotografías. Las que ellos mismos se tomaban. Armados con sus IPhone y sus Ipad o sus BlackBerry. Seguro que enviaban mensajitos a sus amigos y familiares dando cuenta de donde estaban, como muestra de su valor y arrojo. Como si los lugareños no lo hicieran día a día. Incluyendo noches negras y sombrías que tanto han tenido nuestros hermanos vecinos.


No faltó quien pretendiera exhibir a la autoridad local portando una cámara o un micrófono. Claro, a la luz y con toda la seguridad pública vigilante. Cualquiera opina lo que se debe hacer. ¡Ah que cómodo es eso!! Gobernar o tratar de hacerlo –en las circunstancias de Tubutama por ejemplo- aunque sea en la medianía, no es fácil. Sobre todo cuando se tiene amarga sensación de soledad y abandono. O cuando se tienen sangrientos antecedentes. Cero justicia, cero tranquilidad.


El tal evento fue el escenario que se armó para que algunos diputados y sus fracciones parlamentarias se lucieran. Otra vez el sabor a hiel, el hacer inconcluso, el compromiso que termina en la foto. El abrazo que resplandece tan pronto como se apaga. Lugareños ansiosos por saber que sigue pero los más con franca incredulidad rayana en la broma cruel, irónica, sabedora de que todo es parafernalia. Se ganó la nota estatal y nacional. Pero ¿Qué se logró para Tubutama y la región?


Insisto y seguiré insistiendo que lo que necesitamos –entre otras cosas- es unirnos como municipios vecinos y formular un plan de trabajo conjunto donde destaquemos ejes de desarrollo fundamentales y de interés para todos en materia de seguridad pública, impulso económico y educación entre otros. Fijar metas es y debe ser la base sobre las cuales se finquen las políticas públicas y de gobierno. Si cada municipio carece de recursos suficientes pero todos presentan necesidades comunes y en todos existen personas valiosas que pueden aportar su intelecto o su fuerza de trabajo, ¿no es acaso consecuencia inmediata e impostergable que tengamos a nivel regional reuniones temáticas que nos permitan una participación social civil más tangible y por ende de mayor trascendencia?


A la par que se iba desarrollando la reunión del Congreso Local en Tubutama, observé a cada Diputado presente. Desconozco si en el recinto oficial hacen lo mismo, pero aquí fue una total falta de respeto hacia la comunidad y los presentes: Algunos jamás, jamás dejaron de enviar mensajes, utilizar sus tabletas, o de plano y con descaro, hablar por celular. Escasos fueron los que estuvieron en cuerpo y mente en el evento. Sendos documentos que minutos antes del inicio de la sesión fueron colocados en sus escritorios, dormían o ¿esperaban? ser consultados o al menos hojeados por sus destinatarios.


De plano, se carece de compromiso y sobra lo que muchos pretenden esconder en la mal denominada prudencia. Porque resulta que ahora algunos comodinos –los encontramos en todos los sectores- llaman así a la falta de arrestos para encauzar acciones contundentes y firmes en la materia que sea, pero que sea eso sí, de nuestra incumbencia social. Porque se asiste a eventos solo para la foto y para que digan que ahí estuvo o para agregarlo a su currículo político, ahora tan de moda. En el fondo no hay sustancia. En los resultados se queda corto, cortísimo.


Con estas actitudes no esperemos llegar a ningún lado. Ya basta de llamarle prudencia a la laxitud y al desinterés. Al deseo de no moverse para no provocar movimiento alguno que perturbe la paz y la zona de confort en que viven algunos seres –se les conoce también como servidores públicos- carentes de compromiso, en tanto las cuestiones sociales permanecen huérfanas de verdaderos líderes.


Hemos comprobado una y otra vez, tantas como desilusiones políticas hemos tenido, que no es ni será a través de partidos políticos o candidatos de ninguna índole por más brillante trayectoria que posean o por más esplendorosa sonrisa marca photoshop, como encontraremos caminos y programas específicos que nos permitan transitar hacia estadios de desarrollo común dignos, con evaluaciones periódicas, de alcance general en lo necesario y específico en lo que se deba.


En tanto los partidos políticos, los pre candidatos y luego los candidatos compiten y/o se destrozan entre sí, hay un mundo real que estamos viviendo y que no permite mayores dilaciones para abordar la problemática imperante. ¿Acaso la seguridad pública o el empleo o la educación se resuelven con los discursos de campaña? ¿Será entonces que todo queda –para variar- en pausa hasta que las nuevas autoridades asuman el poder?


Es un círculo que nos agobia, nos asfixia, nos limita en todo sentido. Es el cuento de cada trienio y/o sexenio. ¿Hasta cuándo?


Estimo que es la falta de metas lo que nos hace más daño como municipios y región. Si tuviéramos definido lo que queremos como tales al corto, mediano y largo plazo, nos limitaríamos a escoger de entre tanto partido político/candidato que mejores opciones nos presentara para alcanzar las que como sociedad hubiéramos elegido tener. Las opciones cumplen su cometido como tales en tanto sepamos a ciencia cierta lo que buscamos y queremos. Solo así resultan ser opciones. De otra manera son como baratijas, vidrios de colores.


El asunto es que carecemos de metas sociales tanto locales como a nivel regional. Así, cualquiera que aspire al cargo público que sea puede ofertar lo que le dé en gana o lo que mejor venda para granjearse simpatías de los probables votantes. Eso si bien nos va y el candidato (a) posee cierta inteligencia, ya que al parecer a últimas fechas lo que pega es la descalificación, el insulto o el señalamiento. La ofensa es la medida.


Para finalizar e ilustrar lo grave de la falta de metas y rumbos, recuerdo un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, (Lewis Carroll) cuando se encuentra extraviada y pregunta al Gato cómo salir de ahí:


Alicia: ¿Podrías decirme, por favor qué camino debo seguir para salir de aquí?
Gato: Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
Alicia: No me importa mucho el sitio. –Responde-
Gato: Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes, -contestó-.